#NoSonOkupasSonNazis

El día 18 de agosto, el grupo neonazi Movimiento Social Republicano (MSR) publicaba en las redes sociales la entrada en un edificio abandonado del barrio madrileño de Tetuán y su intención de convertirlo en un centro social que atendiese a personas necesitadas. Eso sí, siempre que fuesen de raza blanca y nacionalidad española. La apertura de un centro de esas características en el distrito con más población migrante de Madrid y la oposición que generó entre los vecinos atrajo la atención de la prensa, sobre todo a partir de la masiva manifestación de rechazo que se celebró el mismo día de la inauguración del centro, el 30 de agosto. Desde entonces, ha sido frecuente ver como la prensa se refería al centro como un “edificio okupado” y a los miembros del grupo neonazi como “okupas”, en un error que luego se repetía en las redes sociales. La prensa asimilaba así este centro como el movimiento de okupación, que siempre ha tenido entre sus principales objetivos la recuperación de edificios abandonados para convertirlos en viviendas y centros sociales.

Esta asimilación era falsa, pero la realidad importaba poco. Presentar el centro del MSR como parte del movimiento okupa perseguía un objetivo muy concreto: reducir el problema a un enfrentamiento entre bandas. Un problema social y político tan profundo como es el asentamiento de un centro que promueve la discriminación y el odio racial quedaba reducido a una pelea entre “ultras de distinto signo”, como titulaba el ABC en una noticia del siete de septiembre. Poco importaba que el centro del MSR no tuviese nada que ver con el movimiento de okupación ni en sus ideas, ni en sus objetivos, ni en su forma de funcionamiento: lo importante era transmitir la idea de que todos los okupas son violentos y generan problemas. Sin embargo, pasaban por alto lo más importante: no son okupas.

Manifestación contra el MSR 30 Agosto 2014 (Foto Dissopress)

Manifestación contra el MSR 30 Agosto 2014 (Foto Dissopress)

No apuntalaremos vuestras ruinas: el movimiento de okupación

El movimiento de okupación como lo conocemos hoy surge en el Estado español a finales de los años ochenta. Es entonces cuando aparecen los primeros centros sociales autogestionados, edificios abandonados que se recuperan para darles un uso colectivo. Fábricas abandonadas, naves vacías y edificios públicos en desuso comienzan a ser utilizados como lugares donde los vecinos del barrio y los miembros de distintos colectivos se reúnen para hacer actividades de todo tipo, desde ver una película a participar en un taller. Edificios destinados a convertirse en un montón de ruinas pasan a ser lugares del barrio y para el barrio. Frente a los escombros, la vida.

Pero la okupación no es solo una respuesta a una necesidad concreta. Los centros sociales autogestionados no buscan únicamente luchar contra el abandono de los barrios por parte de las instituciones. Al okupar un edificio abandonado se está cuestionando un modelo de ciudad en el que solo cabe la especulación o los escombros, pero no solo eso. Mediante la recuperación de edificios, la okupación cuestiona también dos pilares básicos del sistema capitalista: la propiedad privada y las leyes que lo protegen. Desde pequeños se nos enseña a valorar la propiedad privada y a considerarla un derecho básico, derivado del trabajo: cuanto más trabajes, más propiedades podrás tener. Sin embargo, pronto nos damos cuenta de que esa relación es ficticia, de que las jornadas de ocho o diez horas diarias apenas nos permiten llegan a fin de mes y de que después de cuarenta años de trabajo la única propiedad que tenemos es un piso de sesenta metros cuadrados en el extrarradio, eso si hemos tenido suerte y hemos conseguido acabar de pagar la hipoteca. Y si esa relación es ficticia, también podemos pensar que la elevación de la propiedad privada a derecho básico es igualmente falsa. Es más, casi parece más bien propaganda de quienes sí tienen propiedades, y no de quienes lo único que tenemos es una hipoteca –es decir, una deuda-, o muchas veces ni eso. Mantener un inmueble cerrado excluyendo a los demás de su uso cuando el propietario no lo está utilizando ni lo necesita no es legítimo ni respetable. Permitir que haya edificios abandonados cayéndose a pedazos mientras existen necesidades en los barrios por tener un simple papel de propiedad es cruel e injusto. La okupación reconoce y respeta la posesión (esto es mío porque le doy uso), pero no la propiedad (esto es mío aunque quiera destrozarlo, acapararlo o convertirlo en un montón de escombros). Así, al cuestionar las relaciones de propiedad, el movimiento de okupación cuestiona también las relaciones de dominación que permiten que unos acumulen propiedades y otros no tengan nada, que haya gente sin casa y casas sin gente. Al luchar contra la dominación, lucha por una sociedad más igualitaria y más justa.

Racismo y exclusión: el MSR

Uno de los vecinos de Tetuán agredido por los Nazis

Uno de los vecinos de Tetuán agredido por los Nazis

Sin embargo, nada de esto lo encontramos en el centro del MSR. La ideología neonazi que defienden sus miembros no solo no quiere acabar con las relaciones de dominación basadas en la propiedad y el dinero, sino que además promueve otras basadas en la raza. No solo creen que las personas deben ser excluidas en función de su clase social, sino también en función de su color de piel. La utilización de la estrategia de la ocupación de un edificio no se basa en un intento de acabar con la dominación, sino de hacerla más fuerte. Para un grupo neonazi como el MSR, la ocupación es solo una forma de vender una ideología racista, de enmascarar lo que en realidad es solo odio y exclusión. Copian la apariencia de un centro social autogestionado pero lo dotan de unos contenidos completamente opuestos: donde debería haber igualdad hay exclusión, donde debería haber solidaridad hay jerarquía, donde debería haber apoyo mutuo hay asistencialismo, y donde debería haber libertad hay dominación. En la medida en que excluyen a muchos de sus vecinos, un centro de ideología neonazi nunca puede ser algo del barrio y para el barrio. Únicamente puede ser un lugar de difusión de ideas racistas en el que, con suerte, algún día repartan bocadillos a los que consideren merecedores de ello. Cuando no haya esa suerte, sus miembros darán palizas a vecinos que sean objeto de su odio, como de hecho ya ha sucedido en Tetuán.

Además, un centro como este no solo no cuestiona el modelo de ciudad existente, sino que ayuda a consolidarlo. Permitir un foco de conflictividad en un barrio con el objetivo de deteriorarlo es una estrategia de gentrificación de manual. Cuando ese deterioro se consolida –por ejemplo porque hay palizas frecuentes a la población migrante-, los vecinos que habitan el barrio lo abandonan. De esa forma, los especuladores pueden hacerse con sus casas a un precio muy bajo, derribarlas y construir viviendas mucho más caras. En un barrio como Tetuán, situado a cinco minutos andando de la zona más cara de Madrid, el centro del MSR es una oportunidad perfecta para deteriorar un barrio que hasta ahora no había tenido problemas de convivencia. Esto no quiere decir que el ayuntamiento o los especuladores hayan dados las llaves a los neonazis del MSR, pero sí que estos hacen un papel que les resulta útil.

Esta complicidad con los intereses de la dominación, unido a la difusión de la ideología neonazi y la práctica del racismo y la exclusión hacen que el centro del MSR deba ser considerado algo completamente opuesto a los centros sociales autogestionados que pertenecen al movimiento de okupación. Las ideas discriminatorias y xenófobas que promueven no tienen cabida en Tetuán ni en ningún otro distrito de Madrid. Los vecinos ya han demostrado su rechazo a la apertura de este centro y no pararán de oponerse a él hasta que se cierre de forma definitiva. Los miembros del MSR han ocupado un edificio, pero no son okupas: son nazis.

¡Fuera racistas de nuestros barrios!

Con machismo, no hay lucha

Hace ya tres años que nacía Oficina de Vivienda de Madrid. Desde entonces se han parado cientos de desahucios, se han conseguido daciones en pago y se ha realizado un trabajo de empoderamiento mutuo que pasa por reconocernos entre todas como afectadas y luchar por nuestros derechos. A lo largo del mes de agosto hemos visto, casi a diario, como las mujeres son asesinadas por el simple hecho de ser mujeres en un mundo machista.

Cuando luchamos por una vivienda digna para todas, lo hacemos convencidas de que otra sociedad y otro sistema político es posible y necesario. Sin embargo, por muchos desahucios que paremos, no podremos avanzar mientras no exista la firme voluntad desde todos los movimientos sociales de hacerlo combatiendo el machismo. Son ellas, nuestras compañeras, las que no pueden seguir luchando en solitario. Su lucha y su victoria, será la de toda la sociedad.

En la lucha por la vivienda hemos conocido a muchas mujeres luchadoras, mujeres valientes, sin miedo, que han plantado cara a la especulación urbanística, a las políticas sin sentido, a los que “sólo cumplen órdenes”. Mujeres que, lejos de ser víctimas, se convierten en un ejemplo a seguir. Compañeras activistas que pasan la noche antes de un desahucio acompañando, compañeras que ponen su cuerpo y su rabia para frenar lo que muchas veces es inevitable.

Son esas compañeras las que, en demasiadas ocasiones, tienen que luchar solas para que los demás nos enteremos de que “No es No” o de que el machismo mata. El pasado mes de agosto hemos visto la cara más repugnante del machismo y más de 40 mujeres han sido asesinadas en lo que va de año.

La respuesta feminista se organiza, pero no tiene sentido que desde los distintos frentes (Vivienda, Educación, Sanidad, Precarias etc) no se haga frente común y público ante estos ataques. Las actitudes machistas –de la índole que sean- no pueden ser permitidas en ningún espacio, no pueden esperar a ser combatidas y es responsabilidad de todas avanzar hacia el Feminismo.

No podemos permanecer en silencio. Basta de violencia machista.

El despido de Amaya es declarado improcedente por el Juzgado de lo Social

El Juzgado de lo Social nº 2 de Madrid, en sentencia de 27 de junio, ha establecido que el despido de Amaya por Konecta “debe considerarse no ajustado a Derecho”, declarando así la improcedencia del mismo.

El motivo de la improcedencia es la mala fe de la empresa, que contabilizó como bajas dos visitas al médico de Amaya, reconocidas por el convenio colectivo como horas retribuidas para acudir a la consulta. Aunque el despido de Amaya estuvo motivado por su ausencia durante el día de su desahucio y los siguientes, Konecta no podía despedirla nada más reincorporarse al trabajo. Para proceder a su despido tenía que aguardar hasta konecta-exterior-300x200que Amaya superase el umbral del 20% de ausencias durante dos meses consecutivos. La oportunidad se presentó en octubre – el mes siguiente del desahucio – cuando faltó al trabajo dos días separados por encontrarse enferma y acudir a la consulta médica. Ambas ausencias debían haberse contabilizado como visitas al médico, contempladas en el convenio colectivo de “contact center” hasta un máximo de 35 horas al año. La empresa, sin embargo, ya sabía que quería despedir a Amaya y actuó de forma premeditada, exigiéndola que (en lugar del justificante) aportase en ambas ocasiones un parte de baja y un parte de alta en el mismo día. ¿Por qué querría una empresa que una trabajadora que falta un solo día por enfermedad común pida el alta y la baja? ¿No es acaso un sin sentido? No lo fue, si tenemos en cuenta la mala fe de Konecta. Al contabilizar esos dos días de visita médica como bajas, Amaya supero el 20% de ausencias justificadas y pudo ser despedida.

El juez, sin embargo, establece en su sentencia la ilegitimidad de esta artimaña. La propia empresa demandada “ha reconocido que en los cálculos indicados en la comunicación de cese sobre días de ausencia de la trabajadora no ha excluido las 35 horas retribuidas al año a que los trabajadores tienen derecho para asistir a consulta médica”. Konecta hizo mal las cuentas a sabiendas y despidió a Amaya de forma improcedente.

A pesar de la victoria que supone esta declaración de improcedencia, la sensación que nos queda es agridulce. Según la sentencia, Konecta puede elegir entre readmitir a Amaya (cosa que, por supuesto, no hará) o pagarle una indemnización ridícula. El despido es improcedente, pero a Konecta le sale gratis saltarse la ley. Gracias a las sucesivas reformas laborales que han pisoteado los derechos de las trabajadoras, cualquier empresa puede despedirnos si superamos un 20% de ausencias justificadas en dos meses. Da igual que tengas una enfermedad o un familiar muriéndose, que atravieses por una depresión o te acaben de desahuciar. No importa que todas y cada una de tus ausencias esté plenamente justificada y debidamente acreditada. La empresa puede coger la calculadora, hacer las cuentas y despedirte si atender al motivo de tus ausencias. Porcentajes, números fríos, que te dejan en la calle.

“El contrato podrá extinguirse […] Por faltas de asistencia al trabajo, aun justificadas pero intermitentes, que alcancen el 20% de las jornadas hábiles en 2 meses consecutivos, siempre que el total de faltas de asistencia en los 12 meses anteriores alcance el 5% de las jornadas hábiles, o el 25% en 4 meses discontinuos dentro de un periodo de 12 meses”. konecta interior

Éste es el artículo 52-d) del Estatuto de los Trabajadores. Esta es la guillotina que pende sobre nuestros cuellos, amenazando con dispararse cada vez que nos ponemos enfermas. Esta sopa de números, esta fórmula matemática, permite que cualquier empresa haga cuentas para dejarnos en la calle. Y si las cuentas no salen, siempre se puede hacer trampas como ha hecho Konecta. La legislación laboral garantiza que la empresa siempre gane.

Estamos contentas con una sentencia que nos dice lo que ya sabíamos: el despido de Amaya no está ajustado a derecho. Pero nada dice la sentencia de la situación que atravesó nuestra compañera ni del motivo que la llevó a ausentarse. Porque aquellos días que Amaya estuvo en estado de shock después de que más de cien antidisturbios la echasen de su casa, no son para el juez más que números en un papel. Cuentas que salen, o no salen.

A nosotros, desde luego, no nos salen las cuentas. Y sabemos que la gran victoria de Amaya no ha estado en esta sentencia, sino en la campaña que ha mantenido a Konecta contra las cuerdas durante meses, impulsada por la acción directa y el apoyo mutuo. Estas son las armas de las trabajadoras, frente a una legislación laboral que las convierte en mercancía intercambiable sujeta a cálculos numéricos.

Que la justicia contra Konecta no venga de los tribunales. Que venga de las calles, de la autoorganización de sus trabajadoras y de la acción directa.

Esto es sólo el principio.

Nueva Sección Internacional

“Cuidado! Vienen las excavadoras y los jeeps!”

Este es el aviso que las vecinas dieron a Shirin Salamein cuando terminaba de ordeñar sus cabras y ovejas cerca de su casa. Vive en Haddiya, en la Cisjordania ocupada.

textoLa familia de Shirin se ha acostumbrado a las demoliciones ya que el ejército israelí les ha derribado sus casas en incontables ocasiones.

Según el derecho Internacional, los asentamientos israelíes de los Territorios Palestinos Ocupados son ilegales y está prohibido el derribo de propiedades palestinas salvo que sea absolutamente necesario para las operaciones militares.

Pero en Hadidiya, las autoridades israelíes están decididas a derribar sus casas y el Derecho Internacional.

Esta es la lucha por la supervivencia tras un derribo de viviendas en el valle del Jordán pero hay muchas otras. Y en más países. En todo el mundo.

El derecho a la vivienda es un derecho universal. Está reconocido a nivel internacional y en más de 100 Constituciones nacionales de todo el mundo.

Para el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la vivienda “el derecho humano a una vivienda adecuada es el derecho de todo hombre, mujer, joven y niño a tener un hogar en que puedan vivir en paz y dignidad”.

Y el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (el órgano de la ONU encargado de supervisar la realización del derecho a la vivienda) insiste en la prohibición de los desalojos forzosos. En su Observación General nº 7 indican que “todas las personas deberían gozar de cierto grado de seguridad de tenencia que les garantice una protección legal contra el desalojo forzoso, el hostigamiento y otras amenazas”.

Pero la realidad es otra. La clase dominante y su sistema, el capitalismo, muestran cada día su carácter más retrógrado y su incapacidad para ofrecer una vivienda digna a millones de personas.

El resultado es que desde ciudades como Nueva York (el corazón del capitalismo más avanzado) a Calcuta o Pekín (según los capitalistas, ejemplos de posibilidades de un nuevo auge del capitalismo) y pasando por México o Caracas (espejos del capitalismo más dependiente y sometidas al imperialismo) vemos como millares de personas malviven “sin techo”, como el capitalismo, por esa incapacidad, no puede desarrollar fuerzas productivas al nivel que lo hacía en otros períodos históricos y como millones de personas son víctimas de desalojos forzosos cada año.

Un ejemplo de esto último es que en Europa miles de personas por tener un estatuto legal precario, como los gitanos y okupas, son desalojadas por la fuerza, sin previo aviso y de manera irrevocable.

Y por la modernización de ciudades. En la ciudad de Bruselas (Bélgica), para hacer posible la instalación de la sede de la Unión Europea, también conllevó numerosos desalojos desde 1958, sin ningún tipo de concertación con los habitantes y los comerciantes, dejando vía libre a la especulación. Y en China, por los Juegos Olímpicos de 2008, desplazaron forzosamente a varios centenares de personas, la mayoría de manera arbitraria.

De todo esto y más hablaremos, a partir de hoy, en esta nueva sección del blog de Oficina de Vivienda de Madrid. Estamos proyectando nuestro trabajo en España al exterior pero queremos nuevos objetivos:

texto2-Conocer otras luchas en otros países y recoger herramientas para trabajar.

-Romper los muros que los Estados nos intentan construir para dividirnos y reforzar los lazos en esta lucha contra los desahucios y por la vivienda digna.

-Informaremos de encuentros y talleres internacionales, publicaremos enlaces…para que participéis o, simplemente, estéis al día.

Porque esta lucha por la vivienda, por todos nuestros derechos es de todas y para todas. Porque el camino es duro, sí, pero entre todas podemos, y debemos, plantar cara y gritar muy alto que SI SE PUEDE!.

Porque Afectadas Somos Todas aquí y en todo el mundo.

Lucha por la vivienda y lucha de clases: Afectadas somos todas

Desde hace más de cinco años, el movimiento por la vivienda digna ha sido un referente de lucha en todo el estado español. Quizá uno de los mayores logros alcanzados sea el reconocimiento unánime de gran parte de la sociedad, al visibilizar de manera clara la dramática situación en la que se encuentra el derecho a la vivienda. El hecho es que una gran mayoría de la sociedad apoya las acciones de los diversos colectivos por la vivienda digna contra cualquier forma de especulación inmobiliaria, desde encierros en sucursales bancarias hasta la okupación de edificios de bancos y especuladores, algo que hace unos años parecía impensable.

Hay que reconocer aquí el papel fundamental que ha jugado la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca), centrando sus reivindicaciones en la lucha contra la estafa bancaria, consiguiendo llegar a amplios sectores de la opinión pública y legitimando la lucha contra los desahucios. Sus demandas principales, entre otras, han sido la paralización de desahucios, la dación en pago y el alquiler social, exigencias que se llevaron al Congreso en forma de ILP Hipotecaria, apoyada por más de un millón y medio de ciudadanas.

Aún quedando mucho por hacer en este sentido, hay que destacar el éxito de la PAH al conseguir llevar estas reivindicaciones a la agenda política. No hay que olvidar, además, que conseguir agrupar a miles de personas y familias en riesgo de desahucio haciéndoles ver que no se trata de un problema individual sino colectivo es quizá, políticamente, uno de sus logros más importantes.

En paralelo y poco a poco, la lucha por la vivienda digna para todos y todas ha trascendido el ámbito de las hipotecas y los desahucios de los bancos. Muchas PAH, en especial en Catalunya, añaden a esas siglas la C de crisis o la D de desempleo. Se amplía, por tanto, el ámbito de lucha mas allá del tema hipotecario y se empieza a asumir que Stop Desahucios son todos, sea su origen el impago de la hipoteca, del alquiler o habitar en una vivienda okupada y recuperada al mercado especulador.

La lucha por la vivienda digna para cualquier persona, cuente o no con recursos para pagarla, se revela no solo como la defensa de un derecho inalienable sino como una parte fundamental, aquí y en 2014, de la lucha de clases. Se contrapone un derecho, el derecho a la vivienda, al derecho a la propiedad, base del sistema capitalista. El movimiento por la vivienda se enfrenta a los Bancos -claros representantes del capital- pero igualmente a empresas inmobiliarias especuladoras y también a instituciones locales y autonómicas que, como en Madrid, sirven a los mismos intereses, desahuciando familias vulnerables y vendiendo el escaso parque público de viviendas sociales a fondos de inversión conocidos como “fondos buitre”.

En el movimiento de vivienda de Madrid, se da una complejidad mayor que en otros lugares, con una estructura de lucha articulada en grupos de vivienda de barrios y pueblos y otros colectivos y una menor hegemonía de la PAH. Estos colectivos impulsan, por poner varios ejemplos, campañas por los derechos de las inquilinas, en defensa de la okupación, campañas antirepresivas, en defensa de los derechos laborales, etc..

En la práctica, las recuperaciones de edificios de la denominada Obra Social PAH en Madrid también están, casi en su totalidad, promovidas por las asambleas y grupos de vivienda de barrios y pueblos surgidas del 15M, algunas con denominación PAH -de cada barrio o pueblo- y otras Grupo de Vivienda, partiendo de la diversidad de espacios políticos existentes.

La mayor parte de los colectivos Stop Desahucios han interiorizado que esta lucha no es una lucha individual de una o varias “afectadas” -hipotecada en riesgo de desahucio inminente-, sino que es una lucha colectiva de toda la clase trabajadora, y la organización en los colectivos de barrio y en la mayoría de las PAH refleja esta realidad, partiendo de la igualdad entre sus miembros, sin hacer ninguna distinción entre “afectadas” y “activistas” dentro del colectivo.

Todas somos afectadas por la mercantalización de la vivienda que realiza el capitalismo, igual que todas somos afectadas por la privatización de la sanidad -estemos enfermas o no- y todas somos afectadas por la eliminación de los derechos que conllevan las sucesivas reformas laborales -tengamos trabajo o no-. Perder ese “afectadas somos todas” sería perder la perspectiva de clase. Esa perspectiva de clase que está haciendo de la lucha por la vivienda, en cada barrio, un eje de la lucha contra el capitalismo y una escuela de educación popular en la que el aprendizaje es colectivo y el apoyo mútuo es siempre bidireccional. No está de mas señalar que son familias y personas trabajadoras quienes sufren los desahucios y cómo la creciente conciencia de clase se refleja, incluso, en el habitual grito de “Rescatan al banquero, desahucian al obrero” y en la recuperación y generalización, en cada Stop Desahucio y acción de vivienda del “Viva la lucha de la clase obrera”.

En los grupos de vivienda de barrios y pueblos así como en la inmensa mayoría de las PAHs, la estructura de trabajo y toma de decisiones es asamblearia y horizontal. Vivimos tiempos de liderazgos colectivos, de empoderamiento a través del aprendizaje y del apoyo mutuo, de la valoración del “nosotras y nosotros” sobre el “yo”. Cada persona que se acerca e incorpora a un grupo de vivienda o PAH de su barrio o localidad NO es acogida como “usuaria a atender por el abogado”, mucho menos como “afectada a tutelar y hasta compadecer por el grupo” sino como compañera que inicia su proceso de pasar del problema individual al colectivo y defender activamente su derecho y el de todas y todos. El intercambio de experiencias, el apoyo mutuo, el análisis de situaciones y la definición de las estrategias de lucha para cada caso, son la parte sustancial de cada asamblea.

Contradictoriamente a este modelo hay algunos colectivos y espacios (pocos) con una mirada diferente de la lucha por la vivienda contra los desahucios. Espacios en los que la toma de decisiones no está, probablemente, en la asamblea sino en “equipos de cooordinación” o en dirigentes “de larga trayectoria y reconocido prestigio”. Abogados y abogadas, poseedores del “conocimiento técnico”, pasan a definir las estrategias de negociación y de resistencia. El o la afectada, lógicamente en un momento de brutal vulnerabilidad, se apoya al 100% en “su abogado” (el que “sabe”, el que tiene un conocimiento superior).

En este otro modelo de actuación, las decisiones colectivas, la asamblea, pasan a un segundo término y compañeras y compañeros de esa y otras asambleas de apoyo pasan a ser “activistas” cuya única función es poner el cuerpo ante la policía en los Stop Desahucios. Nada mas lejos de la lucha colectiva que este modelo que establece una distinción de clase entre “afectados” y “activistas” entendiendo, además, que afectada es la persona que vive en ese momento su desahucio.

Se reproducen de esta forma las relaciones capitalistas dentro de colectivos que, en teoría, pretenden cambiar el sistema. Se rompen así principios de solidaridad de clase, transformando la lucha colectiva en asistencia a los afectados que están en riesgo de perder su casa. Es un modelo asistencialista que incluso, en algunos casos, puede llegar hasta a romper la resistencia decidida colectivamente. Deciden “los que saben” -abogados o dirigentes- . No es lucha colectiva y por tanto, no es lucha de clases.

Luchamos contra el capitalismo en sus múltiples formas. Sabemos que en esa lucha no nos salvaremos de una en una. Ni se salvarán, solas, las personas afectadas por hipotecas. Tampoco inquilinas. Ni siquiera okupas. No serán dirigentes quienes nos salven. El conocimiento de las leyes (que no son sino las leyes de este sistema, no las nuestras) es una herramienta más a utilizar, que nuestras compañeras abogadas y abogados nos ofrecen como apoyo, pero cuando ellos y ellas son activistas no quieren ni protagonismo ni tomar decisiones que corresponden al colectivo.

Nos salvaremos por la lucha colectiva, nos salvaremos acabando con el capitalismo que mercantiliza un derecho de todas como el derecho a la vivienda. Todas somos afectadas por la inexistencia de ese derecho, todas somos afectadas por la crueldad del capitalismo. Y todas somos -o debemos ser- activistas en la lucha colectiva.

Vecinas Okupas

derecho okDurante los años de la burbuja inmobiliaria, la vivienda se convirtió en una excelente mercancía con la que especular. Bastaba con dar una vuelta por cualquier barrio para ver aparecer nuevos edificios todas las semanas, en una maniobra de enriquecimiento de unos pocos que parecía no tener fin. Madrid era una ciudad tomada por las grúas, el hormigón y el ladrillo. Sin embargo, en algún momento, alguien decidió llevarse la fiesta a otra parte y la burbuja estalló. El resultado fue un espectacular aumento del paro, cientos de miles de familias atrapadas en hipotecas trampa y tres millones y medio de viviendas vacías. Hoy, seis años después del estallido oficial de la burbuja, las consecuencias de aquella estafa son más claras que nunca: cada día se producen casi doscientos desahucios y la vivienda se ha convertido en un lujo inaccesible.

En este contexto, la okupación de viviendas es una práctica cada vez más extendida. Aunque no es un fenómeno nuevo –siempre ha existido gente que ha sabido arreglárselas muy bien con esto de la vivienda-, la crisis social en que vivimos ha hecho que recurran a ella muchas personas que hasta ahora no se lo habían planteado. El perfil del okupa ya no es esa imagen estereotipada que algunos siguen teniendo en la cabeza: hay tantas okupaciones como ocupantes y motivos para hacerlo. En realidad, cualquier motivación es válida, desde la de familias que no tienen otro lugar para vivir o que han sido desahuciadas a la de las personas que lo hacen como una opción política. Abrir una casa vacía para habitarla no solo permite que la persona que lo hace pueda encontrar un lugar donde residir, sino que también tiene beneficios para el resto de vecinas. Las viviendas vacías producen una gran cantidad de problemas, tanto para el edificio como para el resto de la sociedad. Cuando no están habitados, es mucho más probable que los pisos tengan problemas de humedad y salubridad que cuando tienen habitantes, ya que no hay nadie que se preocupe de su mantenimiento.Además, en los casos en los que los bancos son los dueños de las viviendas –por ejemplo, porque se ha producido una ejecución hipotecaria- estos se niegan a pagar los recibos de la comunidad, haciendo que estas se arruinen y se vean obligadas a cortar servicios esenciales.En cambio, la mayoría de las personas que okupan una vivienda hacen lo posible por contribuir a estos gastos, ya que también necesitan esos servicios y comprenden la situación de la comunidad. Pero además, la okupación también tiene beneficios para el conjunto de la sociedad. La existencia de viviendas vacías que permanecen cerradas mantiene elevados los precios de los alquileres y las hipotecas, ya que todas esas viviendas no salen al mercado. En cambio, cuando existe un movimiento fuerte de okupación, los propietarios de pisos se ven obligados a bajar los precios, ya que de otra forma no pueden alquilarlos.

Así, las personas que optan por la okupación no solo rompen con el círculo que les obliga a pagar precios enormemente elevados para tener una vivienda, sino que también contribuyen a luchar contra un sistema cruel e injusto. De hecho, esta ha sido siempre una de las principales motivaciones de la okupación, que es una herramienta fundamental de lucha contra un sistema económico que tiene en la propiedad privada su base fundamental. Las personas que okupan, sean cuales sean las razones por las que lo hacen, están atacando dos de los pilares que sustentan el capitalismo: la propiedad privada y el sistema legislativo. Hemos internalizado la dominación hasta tal punto que nos parece admisible que alguien que no posea ninguna vivienda tenga que pagar una cantidad de dinero al mes –un alquiler- a otro que tiene varias, cuando lo lógico sería que esas desigualdades no pudiesen existir o que, al menos, las personas que tuviesen más no pudiesen explotar impunemente al resto hasta el límite de obligarlas a vivir en la calle. Al okupar, estamos cuestionando un sistema cruel, injusto e ilegítimo que permite que existan casas vacías mientras hay gente que carece de ellas. Por eso, la okupación no es solo la respuesta a una situación concreta de necesidad, sino también una elección política. Mantener una vivienda vacía excluyendo a otra gente de su uso por el simple hecho de tener un papel de propiedad no es legítimo ni respetable. Siempre estaremos del lado del que lucha contra un sistema que permite que existan cinco millones de viviendas vacías y cientos de miles de personas sin casa. En tanto que ataca a un sistema injusto y se niega a obedecer las leyes que lo protegen, toda okupación es un acto político.

A pesar de los falsos mitos que ha interesado difundir, las personas que okupan una vivienda no son diferentes del resto de vecinas. De hecho, es muy posible que algunas de tus vecinas sean okupas y ni siquiera te hayas dado cuenta, desde la familia con dos niños del segundo a la chica con pinta de universitaria del tercero o la pareja con perro del quinto. El ejemplo más reciente es el caso de Jorge, padre de una familia de tres hijos que habitaba una vivienda en el distrito de Usera hasta que fue desahuciado por el banco propietario del inmueble. Al contrario de lo que alguna gente cree, las viviendas recuperadas no son focos de problemas o suciedad: las personas que las habitan las cuidan porque son sus hogares, y además, para mantenerlas el mayor tiempo posible es imprescindible tener buenas relaciones con las vecinas. Por ello, las personas que okupan una vivienda tratan de molestar menos aún que el resto. Además, de todas formas, si surgen dificultades de convivencia se pueden resolver entre las vecinas, como se hace en cualquier otro caso. Lo único que diferencia a las personas que okupan de las demás es que han comprendido que las injusticias no se van a resolver por sí solas, sino que hay que ponerse manos a la obra. Que sus vidas están en sus manos y que no van a esperar a que nadie decida por ellas. Que van a tomar las casas vacías y las van a llenar
de vida.

Viernes #27J 7am #JorgeSeQueda. Noche jueves 26 #AcampadaJorge

El viernes, 27 de junio, a las 07:00h, KutxaBank pretende dejar sin hogar a una familia compuesta por Jorge, Yolanda, dos niños de 3 y 9 años y un bebé de dos semanas.

Desde el jueves 26 a la noche se convoca en la calle Carabelos 55 una acampada para parar el desahucio.

Se trata del tercer intento de desahucio, por parte de KutxaBank, propietario del piso que, tras mucho tiempo de abandono, ocupó esta familia, que sobrevive con una mísera ayuda de 68 euros y con el absoluto desprecio de los organismos responsables.

El pasado 23 junio, activistas por el derecho a una vivienda digna acompañaron a Jorge a la sucursal que el banco tiene en la avenida de Orovilla, en el barrio de Villaverde. KutxaBank ignoró el drama de esta familia, permitiendo que vuelvan a sufrir un nuevo intento de desahucio.

Vecinos y colectivos de vivienda vamos a parar este desahucio brutal y acompañar a la familia desde la noche anterior al lanzamiento acampando frente a su casa.

¡Si puedes, súmate a la #AcampadaJorge!

¡No permitimos ni un desahucio más!

Evento en Facebook

Acampada Jorge

#JuicioaKonecta. Amaya lleva a juicio a la empresa que la despidió. Jueves 26, 9:00, concentración juzgados Princesa

JUICIO A KONECTA

Amaya lleva a juicio a la empresa que la despidió por faltar el día de su desahucio

CONCENTRACIÓNJueves 26 junio, 9:00, Juzgados C/ Princesa (Plaza de los Cubos), <M> Plaza España

El 25 de octubre de 2013, Amaya fue despedida por la empresa de telemarketing Konecta por faltar al trabajo el día de su desahucio y los siguientes, a pesar de contar con baja médica. Lejos de agachar la cabeza, decidió enfrentarse a su despido del mismo modo que afrontó su desahucio: luchando. Durante meses, diferentes colectivos #stopdesahucios y sindicatos combativos como CGT, han desplegado una campaña para denunciar este atropello y exigir su readmisión. Concentraciones en la puerta de la empresa, en la central del Banco Santander (máximo accionista de Konecta), en Aegón Seguros (cliente para el que trabajaba Amaya), en las puertas del SMAC durante la conciliación…Finalmente ha llegado el momento del juicio, en el que esperamos conseguir la improcedencia o nulidad del despido. En cualquier caso, independientemente de lo que dictamine el juez, nosotras tenemos claro que la justicia está de parte de Amaya. Las sucesivas reformas laborales han desmontado nuestros derechos para permitir que empresas como Konecta traten a sus trabajadoras como recursos intercambiables y prescindibles. En el sector del telemarketing, cada segundo del tiempo de trabajo es controlado y exprimido, restringiendo el derecho a ir al servicio, ponerse enfermo o tomarse unos minutos de descanso.

El responsable directo de este despido es Jaime Castel, antiguo responsable de relaciones laborales de Konecta, que ha imposibilitado cualquier intento de negociación y se ha negado incluso a recibir a Amaya. Como premio a sus servicios, la empresa le concedió un flamante ascenso, nombrándole Director de Recursos Humanos el pasado mes marzo.

Puede que Konecta y Castel estén seguros de cara a este juicio, pensando que la legislación laboral ampara sus atropellos. Pero no tienen todas consigo. El jueves desde las 9:00 estaremos en las puertas de los juzgados de Princesa dejando claro que las trabajadoras del telemarketing han comenzado a alzar la cabeza y están dispuestas a pelear. Esperemos que al juez le quede algo de conciencia, sea sensible a la movilización social y muestre que en los tribunales existe algún sentido de la  justicia.

¡Acabemos con la esclavitud en los call centers!

¡La lucha de Amaya es la lucha de todas!

¡Ningún despido sin respuesta!

¡Sí, se puede!

Vïdeo del #TallerOkupacion

Este pasado sábado realizamos el #TallerOkupacion porque defender el derecho a la vivienda digna pasa por conocer las leyes y el modo de defendernos. Muchísimas gracias a todas las que asististeis, a las compas que grabaron, a todas las que participaron, a Jaime Alekos y su magnífico documental y sobre todo a Daniel Amelang, que dio una charla excepcional que ponemos a continuación:

 

Este sábado en #TallerOkupacion, reparto de pegatinas #DerechosInquilinas

Este sábado 21 de Junio a las 19h haremos el taller de okupación en el CSOA La Morada, este taller da comienzo a la campaña por los derechos de las personas que viven okupando. Al igual que hemos hecho durante los últimos meses con los derechos de las inquilinas, el fin último esta campaña es dotar de recursos y de una identidad colectiva a las personas que son víctimas de la especulación.

La Oficina de Vivienda se creó específicamente con la vista puesta en la defensa del derecho a la vivienda por encima de la particularidad de cada caso, y es por eso que durante estos meses hemos desarrollado materiales para la defensa legal de las inquilinas, contenidos en forma de panfletos y vídeos para difundir las reivindicaciones, concursos y pegatinas para crear una identidad colectiva, acciones para visibilizar a las culpables, en busca siempre de crear focos de lucha para la defensa colectiva del derecho a vivienda.

Pero al igual que las personas que viven de alquiler, son cientos de miles los excluidos en este país que no tienen forma de acceder legalmente a una vivienda y la toman. También ellas tienen derecho a la vivienda y por eso a partir de ahora centraremos nuestros esfuerzos en los derechos de las personas que viven okupando.

De momento tenemos los materiales ya publicados en la sección de recursos sobre okupación, al que hoy hemos añadido una guía rápida con todos los elementos relevantes para la toma y defensa de una vivienda desarrollada desde Carabanchel.

La campaña inquilinas no se cierra y este sábado en el taller de okupación tendremos miles de pegatinas de derechos inquilinas para repartir en la morada. Hipotecadas, viviendo de alquiler, okupando o sin techo nuestra lucha es la misma, la lucha contra este modelo que hace negocio con la necesidad enriqueciendo a unos pocos a costa de la explotación y la miseria de las demás.