Hoy en Córdoba un hombre se ha suicidado cuando la comisión judicial iba a desahuciarlo. Un suicidio en idénticas circunstancias al de Amaia en Barakaldo, entre otros recientes.
Rápidamente se ha difundido que el desahucio no era un asunto hipotecario sino un problema familiar y una situación de alquiler, parece que se intenta trasmitir que no es un caso a relacionar con el modelo criminal que estamos sufriendo. No es una opinión aislada, de hecho se manifiesta de una forma muy clara en el movimiento StopDesahucios, siendo mucho más difícil difundir y defender desahucios de alquiler que los contratos hipotecarios. En casos de liberación de vivienda mediante la ocupación la situación es aún peor y a pesar de los avances, el porcentaje de población que se solidariza con los afectados por desalojos es sensiblemente menor, por no hablar de las decenas de miles de personas que viven desde hace muchos años en la calle, situación que al parecer no ha de levantar la más mínima alarma social, como si venir de una situación de precariedad (haber vivido de alquiler, con tus padres, ocupando o en la calle) previa a la estafa que vivimos desde 2008, le despojara a uno de derechos.
El anterior asesinato bancario unido a la lucha levantó un reguero de polvo que ha acabado un real decreto ridículo por parte del gobierno, que resulta un insulto después de las sentidas declaraciones hablando sobre la sensibilidad con el problema. Éste nuevo asesinato parece que no lo hará, la casa no pertenece a un banco y por lo tanto no hay responsables. La comisión judicial, el juez, la policía, los políticos que redactan las leyes hicieron bien su trabajo dado que no era una hipoteca; la banca, por más millones de pisos vacíos que acumule y por más responsable que sea de la burbuja inmobiliaria no era dueña de este piso por lo tanto es totalmente inocente, parece que se tratara de contar árboles, nunca de ver el bosque.
Es frente a esta lógica que hay que manifestar unos principios básicos.
El problema de la vivienda no es un conflicto exclusivo de los afectados por la estafa hipotecaria, comprende un derecho básico de toda persona que viva en este país, sea cual sea su situación. El suicidio es solo la cara más escandalosa de un conflicto gravísimo, con millones de historias que no por menos llamativas son menos trágicas y comprenden tanto la brutalidad de la deuda de por vida a la que se ha condenado a millones de personas, como la de cualquiera que por su situación no puede acceder a una vivienda digna.
Todo esto se produce en un contexto de abundancia, no faltan sino que sobran millones de casas vacías, casas que además se van a pagar con dinero público a través del “banco malo” y que ya se están pagando desde hace tiempo a través de ayudas directas a la banca. No es sorprendente que se resistan a usar estas casas para ponerlas en alquiler social, el sistema necesita que la gente se hipoteque para seguir alimentando la desigualdad y que existan alternativas hace imposible que se replique la burbuja inmobiliaria, por esta misma razón se endurecen los derechos del inquilino en una ley de arrendamiento que empeora las condiciones cuando éste ya estaba totalmente indefenso. La cantidad de tragedias que provoque esta lógica no les importa en absoluto, solo que la gente se organice y diga basta.
Por eso hay que sacar la lección más importante que se ha levantado alrededor de los desahucios hipotecarios, sí se puede, perseverar en la lucha, socializar el conflicto personal, reconocerse no como víctima sino como estafado, ha llevado ya a muchas victorias que han supuesto pérdidas de millones de euros para la “invencible banca”. Es tiempo de entender que vivimos un conflicto que nos afecta a todos, el que vive en la calle y el que puede seguir pagando toda la vida la hipoteca, no sin razón se grita que “no es una crisis sino una estafa”.
Por esto hay que considerar que la persona fallecida en Córdoba es exactamente igual otra víctima del capitalismo, que hay que transgredir ya la lógica de que hay afectados de primera y de segunda según cual sea su historia, que es tiempo de conquistar los derechos para todos.